ta del expresidente brasileño, Lula da Silva, a Cuba el pasado martes revela el interés que tiene Brasil por fortalecer las relaciones entre los dos países. Las fuertes inversiones que el país sudamericano está realizando no son gratuitas, ni mucho menos. Recordemos que el futuro potencial económico de la isla caribeña y su cercanía a Estados Unidos la hacen un plato muy suculento para Brasil, un país que lleva una década echando un pulso a Estados Unidos por la hegemonía latinoamericana.El crecimiento económico y la influencia internacional de Brasil en la última década es indiscutible. El país sudamericano seguirá creciendo mientras que las materias primas sigan al alza y países como China o India sigan comprándolas de forma descomunal. Brasilia sabe esto y antes de que se acabe esta época de bonanza, quiere diversificar su economía y crear nuevas alianzas internacionales. Su principal área de influencia es Latinoamérica, y aunque en el pasado intentara presentarse al mundo como un importante actor internacional (como cuando participó de mediador para resolver el problema palestino-israelí), en el fondo sabe que por ahora no puede aspirar a más que al continente americano. Por eso quiere potenciar al máximo sus posibilidades en la zona y la isla caribeña es una gran oportunidad para ello.
La estrategia de Brasila es muy sencilla, ser la alternativa en la región a Estados Unidos sin llegar a los extremismos de Venezuela. En un mundo cada vez más globalizado, las relaciones multilaterales entre países son imprescindibles. De modo que tener de aliado sólo al país Norteamericano no es la mejor estrategia y Brasil lo sabe. Quiere seguir ganando peso en la región a base de comercio e inversiones. Un buen ejemplo de esto es la carretera interoceánica que conecta los puertos brasileños en el Atlántico con los puertos peruanos en el Pacífico. Estas relaciones multilaterales puede que ayuden a Brasil a conseguir más peso en las Naciones Unidas, o simplemente a aumentar su mercado internacional con independencia de los Estados Unidos.
La posibilidad de una apertura real del régimen cubano a una economía de mercado socialista una vez haya muerto Fidel Castro, lleva a Brasil a intensificar las relaciones con la isla. El nuevo presidente cubano, Raúl Castro, ha demostrado la intención de una política más abierta, pero carece del suficiente poder en el PCC (Partido Comunista Cubano) para realizar grandes cambios. A la espera de la venidera muerte de su hermano, las presiones internacionales y el interés de Raúl de modernizar Cuba, harán que el régimen cubano entre en una transición hacia la economía de mercado socialista, al igual que lo hizo China tras la muerte de Mao Zedong. Brasil espera ese momento. Quiere ser el principal socio económico cuando cuba se abra al libre mercado. La enemistad de los cubanos con los Estados Unidos y los tintes socialistas del gobierno brasileño, hacen de éste el principal candidato para ser el país que ayude a Cuba a abrirse al mundo. Las posibilidades de inversión en la isla no son pocas, y la proximidad al país norteamericano hacen de Cuba un importante aliado que Brasil no puede permitirse perder.
Por último, me gustaría recalcar el hecho de que haya sido Lula el que haya viajado a Cuba, y no la presidenta Dilma Rousseff. Esto demuestra que en Brasil la influencia de Lula sigue siendo muy fuerte. La nueva presidenta no puede seguir la senda de popularidad de su predecesor, y eso poco a poco le pasará factura al PT (Partido de los Trabajadores). Si hay algo que guste más en sudamericana que un buen político, es un político mediático, véase Tiririca en en las pasadas elecciones a diputado federal de Brasil.
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